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© Ignacio Etchebarne, 2015. Creado con Wix.com

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Quisiera ser invisible, ¿tengo fobia social?

 

La ansiedad social es ese estado transitorio de preocupaciones y sensaciones físicas desagradables que se dispara en la mayoría de las personas cuando tienen que interactuar con otras personas, pero temen tener una mala performance social (es decir, meter la pata) y que ello las afecte negativamente a nivel personal, social o laboral. En este sentido, la ansiedad social está íntimamente ligada a la noción de ansiedad de performance (ansiedad ante exámenes), y no sólo se incluye el temor a ser reprobado, sino también, al ridículo, humillación, etc.

 

Esta reacción emocional ante situaciones sociales inciertas es normal y suele potenciar nuestros recursos de afrontamiento, aumentando nuestra memoria, energía y velocidad de respuesta (ver, por ejemplo, la investigación de Harvard realizada en base a la social stress test). Sin embargo, en algunas personas la ansiedad social puede tornarse excesiva y crónica, pasando a interferir con su performance social efectiva y deteriorando su calidad de vida en forma significativa. En estos casos, probablemente, la persona tenga una "Fobia Social" (también llamada, "Trastorno de Ansiedad Social" o "TAS").

 

  • ¿Qué es la Fobia Social?

 

Las personas con Fobia Social se caracterizan, principalmente, por tener un fuerte deseo o necesidad de dar a los demás una impresión favorable de sí mismas, y esto se acompaña de una marcada inseguridad o dudas sobre su capacidad para proveer esa imagen favorable. Así, al entrar en situaciones sociales (situaciones de interacción con otras personas), estas personas perciben a la situación como peligrosa, ya que creen que lo más probable será que terminen actuando en forma inepta o inapropiada. Fallar en su performance social es tan amenazante para las personas con fobia social porque consideran que tendrá consecuencias catastróficas en términos de pérdida de estatus, rechazo y humillación por parte de los demás. El miedo a la pérdida de estatus no sólo concierne a cómo piensan que serán vistas por los demás, sino que también incluye cómo se percibirán ellas a sí mismas, a partir de esta performance fallida.

 

Entonces, al enfrentar una situación social temida, estas estimaciones anticipatorias de peligro activan en las personas una reacción de ansiedad. Dicha reacción es una especie de programa de salvataje que dispara involuntaria y automáticamente cambios fisiológicos, cognitivos, afectivos y conductuales para hacer frente en forma efectiva a la situación social temida. Estos cambios son herencia directa de nuestro pasado evolutivo humano en entornos primitivos, donde probablemente fueron muy efectivos para reducir el peligro objetivo y promover la supervivencia. Por ejemplo, en las comunidades tribales, desafiar al líder y fallar en el intento, significaba una muerte segura, ya sea por ejecución inmediata o por expulsión del grupo (en la selva, muy difícilmente una persona podría sobrevivir por sí sola). Entonces, adoptar actitudes sumisas y de rendición como, por ejemplo, acatar pedidos o bajar la mirada al ser observado por un superior, garantizaban la supervivencia.

 

Sin embargo, en entornos modernos como la jungla de cemento, estos síntomas de ansiedad funcionan como fuentes adicionales de peligro, ya que las personas con Fobia Social los perciben como algo fácilmente visible y que será interpretado por los demás en forma negativa (como un signo de debilidad, inadecuación, inferioridad, vulnerabilidad, incompetencia, inexperiencia, etc.). De esta forma, concluyen que la ansiedad en sí es el problema que atenta contra su habilidad para dar una imagen favorable al interactuar con los demás. Esto lleva a las personas con Fobia Social a intentar suprimir u ocultar su ansiedad recurriendo a una serie de conductas que provocan, paradojalmente, que la ansiedad escale y se cronifique. Así, estas personas quedan atrapadas en un estado de persistente preocupación por sus reacciones somáticas, por posibles evaluaciones negativas de terceros, y por pensamientos relacionados con su propia evaluación negativa, que socavan gradualmente su autoestima. Si querés saber más sobre las reacciones conductuales que cronifican la ansiedad social, leé mi nota "¿Por qué no disminuye mi ansiedad social?".

 

  • Fobia Social Específica o Generalizada:

 

Según el grado de interferencia de la Fobia Social en la vida de la persona, ésta podrá ser clasificada como específica o generalizada. La Fobia Social Específica se da cuando la persona sólo presenta esta forma de reaccionar ante 1 o 2 situaciones sociales puntuales (por ejemplo, hacer presentaciones y dar discursos públicos) y que, salvo en esas dos situaciones, no presenta dificultad alguna en el resto de sus interacciones con otras personas. La Fobia Social Generalizada se da cuando la ansiedad y preocupación excesivas se disparan ante variadas situaciones sociales (ej.: al hablar con desconocidos, hablar durante un curso para preguntarle algo al profesor, al interactuar con personas de autoridad, atractivas o exitosas, al tener que realizar reclamos o pedidos, etc.).

 

Es importante destacar que este cuadro de ansiedad social excesiva está presente en muchísimas personas. Además, el mismo se da tanto en hombres como mujeres, siendo la relación de 2 hombres por cada 1 mujer con Fobia Social.

 

¿Si soy tímido/a, significa que tengo fobia social?

 

  • Timidez vs. Fobia Social:

 

No, la Timidez es un rasgo temperamental normal, biológicamente determinado, que posee ventajas y desventajas adaptativas según con el contexto, al igual que todos los otros rasgos temperamentales posibles. La timidez, en este sentido, se caracteriza por una predisposición hacia la modestia, humildad y preferencia por situaciones sociales intimistas y familiares, que no necesariamente se acompaña de miedo o inhibición en situaciones sociales nuevas o multitudinarias. En este sentido, la Fobia Social sería una versión extrema de timidez que ocasiona miedo (o ansiedad) y preocupaciones crónicas.

 

  • Introversión vs. Extraversión:

 

Otra forma de diferenciar entre la timidez y la Fobia Social se basa en el espectro o dimensión de personalidad llamado introversión - extraversión. Si bien no existen los tipos puros y la inmensa mayoría de las personas es “ambivertida”, todos nos ubicamos en algún punto de este espectro. Tal como señala Susan Cain en su libro "Quiet. The power of introverts in a world that can't stop talking", las personas más introvertidas suelen funcionar mejor en soledad y en entornos poco estimulantes. Por estas razones, tienden a evitar las reuniones grupales, donde suelen cansarse más rápidamente y sentir que tienen poco que aportar ya que requieren de tiempo para reflexionar antes de emitir opiniones o soluciones (prefieren pensar antes de hablar). A su vez, presentan una performance muy superior en reuniones individuales 1-1 (tanto en rol de líder como de subordinado) o de pocas personas, ya que son excelentes para escuchar al otro.

 

Las personas más extrovertidas, en cambio, requieren de mayor interacción social y estimulación ambiental para funcionar mejor, ya que tienden a desmotivarse rápidamente en soledad. De este modo, pueden abusar de la organización de reuniones con el único fin de satisfacer la mera necesidad de interactuar. También, tienden a distraerse ante presentaciones extensas, ya que se orientan a hablar más que a escuchar; aunque son excelentes para resolver problemas y tomar decisiones sobre la marcha (piensan en voz alta), así como para asumir riesgos y actuar con celeridad (aunque ello también las expone a cometer muchos más errores que las personas más introvertidas).

 

Si bien es usual que las personas más introvertidas tengan mayor grado de ansiedad social que las más extrovertidas, no debe equipararse la ansiedad social (evitación de situaciones sociales por miedo a tener una mala performance y ser evaluado negativamente) con la introversión (preferencia por ambientes poco estimulados y poco concurridos). De hecho, existen extrovertidos con elevada ansiedad social que, por así decir, se mueren por interactuar o abrirse más con los demás pero ello les aterra, e introvertidos con baja ansiedad social. Por ejemplo, Bill Gates, es una persona que presenta clara preferencia por el aislamiento y la reserva, aunque se muestra muy desinhibido cuando debe dirigirse a un público al dar una conferencia.

¿Tengo fobia social? ¿Qué hago?

 

Sólo podemos concluir que una persona tiene una Fobia Social cuando este proceso se cronifica al menos durante 6 meses y provoca sufrimiento intenso e interferencia significativa en la vida social y/o laboral de la persona. Entonces, si respondés afirmativamente a las 2 preguntas siguientes, es posible que tengas una Fobia Social, y sería recomendable que consultes a un profesional de la salud para confirmar o descartar esta hipótesis diagnóstica presuntiva:

  1. Durante los últimos 6 meses y en una o más situaciones sociales, ¿has tenido miedo excesivo y persistente de actuar en forma inadecuada o de mostrar síntomas de ansiedad y que te humillen, avergüencen y/o te rechacen las demás personas?

  2. ¿Este miedo te causa sufrimiento significativo o deterioro en lo social, laboral o en otras áreas importantes de tu vida?

 

En caso de que hayas respondido afirmativamente a ambas preguntas, la buena noticia es que los Terapeutas Cognitivo-Conductuales desarrollaron múltiples tratamientos breves y focalizados para la Fobia Social, los cuales han demostrado un elevado grado de eficacia en investigaciones científicas. En mi nota "¿Cómo acceder a un Coach o Terapeuta Cognitivo-Conductual de calidad?", te presento recursos para acceder a uno.

¿La fobia social es un "trastorno"?

 

Como difusor de nociones psicológicas, quiero destacar la siguiente fuente de potenciales equívocos: La idea de que la fobia social es un "trastorno" de ansiedad surge de cómo se tradujo al español la noción de "Anxiety Disorders" en las sucesivas ediciones del "DSM", es decir, el "Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales", desarrollado por la American Psychiatric Association. Como puede notarse, la idea de "trastorno" es cualitativamente distinta a la de "desorden" y, como consecuencia, suele provocar una reacción muy negativa en quien recibe un diagnóstico de "Trastorno" mental. Varios de mis pacientes han reaccionado con intensa angustia y desesperanza al interpretar que ese diagnóstico significaba que estaban "Trastornados". Por otra parte, la idea de "Desorden", también es problemática porque señala algo imposible: ¡¿Quién tiene una vida emocional "ordenada"?!

 

Entonces, es vital que el lector de esta nota entienda lo siguiente: Estas "etiquetas" diagnósticas psicopatológicas no reflejan "cosas", entidades concretas, que las personas tienen. Sino que son estrategias comunicativas referidas a entidades conceptuales en constante revisión, utilizadas por los profesionales de la salud para categorizar y agrupar las experiencias de las personas, guiar las investigaciones científicas, e informar la toma de desiciones clínicas con sus pacientes. En este sentido, recibir un diagnóstico del DSM les permite a las personas saber que lo que a ellas les sucede, también le sucede a muchas otras personas y existen tratamientos con probada eficacia para ayudarlas con ese problema de ansiedad. También debe recordarse que tanto los trastornos de ansiedad como la depresión, son el resfrío de los "trastornos mentales". Es decir, reflejan lo que le sucede a la inmensa mayoría de las personas en algún momento de la vida. Entonces, más que describir un estado cualitativamente distinto (trastornado o desordenado) en personas "anormales", están haciendo referencia al sufrimiento humano frente a nuestro estilo de vida actual que, si bien vale la pena ser vivido, no deja de ser duro y presenta múltiples fuentes de sufrimiento.

 

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Dr. Ignacio Etchebarne

Psicólogo, coach ejecutivo

y consultor organizacional

www.igetchebarne.com

 

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Referencias bibliográficas:

 

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5th edition. DSM-5. Arlington, VA: American Psychiatric Association.

 

Cain, S. (2012). Quiet. The power of introverts in a world that can't stop talking. New York: Crown Publishers.

 

Heiser, N. A., Turner, S. M., Beidel, D. C., y Roberson-Nay, R. (2009). Differentiating Social Phobia from Shyness. Journal of Anxiety Disorders, 23(4), 469–476. doi:10.1016/j.janxdis.2008.10.002.

 

Hofmann, S., y DiBartolo, P. M. (2014). Social Anxiety: Clinical, Developmental, and Social Perspectives. 3ra ed. Londres: Academic Press.

 

Wells, A. (1997). Cognitive Therapy of Anxiety Disorders: A Practice Manual and Conceptual Guide. John. West Sussex: Wiley & Sons.

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