Contacto

© Ignacio Etchebarne, 2015. Creado con Wix.com

  • Facebook Social Icon
  • LinkedIn Social Icon
  • ResearchGate Logo (fondo verde)
  • Twitter Social Icon
  • YouTube Social  Icon

¿Por qué no disminuye mi ansiedad social?

 

La ansiedad social es ese estado normal, transitorio, de preocupaciones y sensaciones físicas desagradables que se dispara en la mayoría de las personas cuando tienen que interactuar con otras personas, pero temen tener una mala performance social (es decir, meter la pata) y que ello las afecte negativamente a nivel personal, social o laboral. En algunas circunstancias, las personas pueden desarrollar una versión crónica y extrema de ansiedad social que se llama "Fobia Social" (si querés saber más sobre la definición y síntomas de este cuadro de ansiedad, leé mi nota "Quisiera ser invisible, ¿tengo fobia social?").

 

Cómo décadas de investigación han demostrado, las fobias se extinguen con elevadísima eficacia, por medio de intervenciones cognitivas-conductuales que asisten a las personas a enfrentar sistemática y gradualmente aquello que temen. Por ello, estos procedimientos se llaman "técnicas de exposición""experimentos conductuales", o "técnicas de acción opuesta"). Dicho en otras palabras, el miedo se "cura" enfrentándolo y sintiéndolo. Ahora, las personas con Fobia Social -al igual que la inmensa mayoría de personas- vive rodeadas de otras personas. Con lo cual, si están todo el tiempo expuestas a lo que temen, ¿por qué su miedo suele persistir en forma crónica? Si querés saber por qué, leé esta nota.

 

  • Foco atencional interno vs. externo:

 

Las personas con Fobia Social perciben a su ansiedad como algo fácilmente visible y que será interpretado por los demás en forma negativa (como un signo de debilidad, inadecuación, inferioridad, vulnerabilidad, incompetencia, inexperiencia, etc.). De esta forma, concluyen que la ansiedad en sí es el problema que atenta contra su habilidad para dar una imagen favorable al interactuar con los demás. Esto las lleva a intentar suprimir u ocultar su ansiedad recurriendo a una serie de conductas que provocan, paradojalmente, que la ansiedad escale y se cronifique. Así, estas personas quedan atrapadas en un estado de persistente preocupación por sus reacciones somáticas, por posibles evaluaciones negativas de terceros, y por pensamientos relacionados con su propia evaluación negativa, que socavan gradualmente su autoestima.

 

Este estado de elevada preocupación social o procesamiento incrementado del sí-mismo social reduce la atención hacia aspectos externos de la situación social de forma tal que se hace más difícil tener una buena performance social, y reduce la consciencia sobre información interpersonal objetiva. Por ejemplo, las personas con fobia social, en base a sus impresiones internas, suelen pensar que son el centro de atención en las situaciones sociales o que están aburriendo a los demás. Sin embargo, tienden a prestar muy poca atención al comportamiento de los demás para chequear si esto que piensan efectivamente es así. De esta forma, su atajo mental perdura en el tiempo porque sostienen un excesivo foco atencional interno. Recuerdo a un paciente en el primer día de un curso al que se había inscripto. Mientras esperaba a que se iniciara la clase, sentía que era el único "colgado" que no tenía con quien hablar, y ello disparó su ansiedad social por las nubes. Al notar esto, recordó mi indicación de buscar información externa que le permitiera chequear su impresión interna (foco atencional externo) y, así pudo notar -para su sorpresa- que "¡Todos estaban colgados!", y ello le posibilitó soltar sus preocupaciones sociales y enfrentar la situación con mayor facilidad.

 

El ejemplo del párrafo anterior, también ilustra cómo las personas con fobia social se enfocan excesivamente en la percepción auto-generada de su performance en situaciones sociales, y luego caen en el error de asumir que esto refleja en forma precisa la forma en que son percibidos por los demás. En otras palabras, imaginan cómo son vistos por los demás y luego toman esta impresión como un hecho, proyectándola a las caras ambiguas de los demás como si fueran capaces de leer la mente de todas las personas a su alrededor.

 

  • Maniobras o conductas sutiles de seguridad:

 

Como les mencioné más arriba, para prevenir la catástrofe social percibida, las personas con fobia social desarrollan una serie de tácticas sutiles -a veces sin ser del todo conscientes- que emplean antes, durante y después de su interacción con otras personas, con el fin de ocultar su ansiedad y evitar dar posibles pasos en falso. Dada su función, a estas tácticas interpersonales y de gestión de la ansiedad, las llamamos "conductas o maniobras de seguridad".

Ejemplos típicos de conductas de seguridad:

  • Preparación excesiva: Variante de perfeccionismo que consiste en ensayar, practicar y recabar todo tipo de información para anticipar hasta el más mínimo detalle, previo a una interacción social (ej.: prepararse 10 horas para realizar una presentación que puede prepararse en 1 hora). La misma suele acompañarse de elevada ansiedad y preocupaciones vinculadas con el evento social tenido (reacción llamada "ansiedad anticipatoria"), y pueden presentarse desde horas a semanas o incluso meses previos al evento en cuestión.

  • Evitación del contacto visual: Evito mirar a los ojos por completo o transitoriamente, por ejemplo, bajando la mirada al segundo de realizar contacto visual con alguien.

  • Ensayo mental en vivo: Revisar mentalmente lo que voy a decir mientras interactúo con una persona.

  • Evitación de tomar iniciativas: Evito iniciar conversaciones o hacer preguntas.

  • Evitación del conflicto: No hacer reclamos (ej., no devolver un producto defectuoso recién comprado), suprimir expresiones que anticipo pueden caer mal (por ejemplo, poner límites o proveer feedback negativo a otra persona), etc.

  • Perfeccionismo social: Exigirme una performance perfecta, por ejemplo, pretendiendo  decir cosas interesantes, atractivas o profundas en forma constante.

  • Ocultar signos físicos de ansiedad: Intento por disimular sensaciones de ansiedad que asumo son altamente visibles. Por ejemplo, taparme la cara si siento que me sonrojé, ocultar mis manos si siento que tiemblan, agarrar fuertemente objetos por temor a que se mis nervios entorpezcan mi coordinación y se me caigan, etc.

  • Invisibilizarme: Intentar pasar totalmente desapercibido/a (hacer "cuerpo a tierra") hablando bajo y poco, ubicándome en el lugar menos visible, etc. Esto también puede reflejarse en evitar asumir roles de liderazgo y/o elevada responsabilidad.

  • Consumo social de substancias: Fumar o tomar alcohol para evitar que se note que estoy "colgado/a" o "pintado/a", o bien, consumo de substancias que disminuyan mi ansiedad y/o me deshiniban para animarme a interactuar con los demás (alcohol, medicación ansiolítica, etc.).

  • Abuso del smartphone: Maniobra similar a la anterior consistente en utilizar al smartphone como un refugio, ya sea para disimular que no se tiene con quién hablar, o bien, para evitar silencios incómodos o iniciar conversaciones con desconocidos.

  • Análisis post-mortem: Repasar mentalmente cómo sentí que fue mi performance en una situación social pasada con el único fin de criticarme y mortificarme por todo lo que siento que estuvo mal. Esto suele hacerse a modo de auto-castigo (bajo la creencia de que contribuirá a mejorar la performance social en el futuro), y sin salir a buscar información objetiva que me permita revisar la precisión de mi impresión.

Si bien dichas conductas logran atenuar la ansiedad y dan sensación de control sobre la situación en el plazo inmediato, a la larga perpetúan la ansiedad y aumentan la credibilidad de las predicciones sociales negativas (aún cuando puedan no ser ciertas). Esto sucede por múltiples razones, como pueden ver en la imagen siguiente:

 

 

Por un lado, estas conductas presentan un sesgo confirmatorio por el cual, crean la ilusión de efectividad. Por ejemplo, una persona evita saludar a un conocido por temor a tartamudear, o bien, ensaya mentalmente un saludo, la saluda y escapa de la interacción rápidamente, inventando una excusa. Luego de esa breve interacción, es muy probable que esa persona concluya "Uff ¡Me salvé!". Es decir, su mente acaba de crear la ilusión 100% certera de que efectivamente estaba en peligro de ser ridiculizada y sus conductas de seguridad la salvaron de tener una mala performance. Cómo no podemos regresar en el tiempo y probar no realizar las maniobras de seguridad, la conclusión se asume válida aún sin evidencias que la sustenten, sino, sólo porque se siente real.

 

Por el otro lado, algunas de estas conductas de seguridad exacerban los síntomas de ansiedad. Por ejemplo, sostener una taza demasiado fuerte para reducir los temblores nos da inicialmente sensación de control, pero luego puede impedir los movimientos normales, amplificando el temblor hacia todo el brazo, y aumentando las chances de tirar la taza o hacer caer su contenido. Esto sucede porque somos especialmente sensibles a las consecuencias inmediatas de nuestras conductas y, bastante ciegos a las consecuencias mediatas o graduales. Por lo tanto, al realizar una conducta de seguridad, usualmente sólo registramos su inmediata disminución de ansiedad o sensación de aumento de control, perdiendo de vista que luego aumenta nuestra ansiedad y entorpece nuestra performance. Este fenómeno explica muchísimas otras conductas disfuncionales de las que caemos presa inadvertidamente como fumar, comer en exceso, etc.

 

También, estas medidas de seguridad pueden directamente interferir u obstaculizar la performance conversacional. Por ejemplo, ensayar mentalmente lo que uno va a decir antes de decirlo, hace muy difícil seguir y comprender lo que se está conversando. O bien, forzarnos a decir cosas interesantes o divertidas todo el tiempo suele inhibir nuestra espontaneidad, creatividad y sentido del humor, haciendo que nuestra mente quede en blanco y no encontremos nada para decir.

 

Por otra parte, algunas conductas de seguridad pueden contaminar la interacción social, haciendo que la persona con fobia social parezca poco cálida o poco amigable. Recuerdo un caso de una persona que sentía fuerte atracción hacia una mujer pero la evitaba porque ella no le prestaba atención. Luego de animarse a interactuar con ella, pudo descubrir que ella también tenía sentimientos hacia él; pero como él no mostraba señal alguna de interés (conducta de seguridad) e ignoró todas las señales que ella le había dado la primera vez que se conocieron (por su foco atencional excesivamente interno), entonces, pensaba que él no estaba interesado en ella, y por eso había dejado de buscar interactuar con él.

 

Otra razón por la que la ansiedad social se cronifica es por la formación de hábitos. Nuestra mente y cerebro se desarrollaron de forma tal que rápidamente identifican patrones y engrosan el cableado entre conexiones neuronales que se activan en simultáneo. Esto nos hace especialmente aptos para formar hábitos y, con su repetición, las conductas asociadas a un hábito se automatizan y ejecutan en forma involuntaria (lógica mental de reducción del esfuerzo atencional para maximizar nuestra supervivencia). Entonces, con el tiempo, las personas con fobia social, ya ni requieren pensar en realizar maniobras de seguridad ni en evitar o escapar de situaciones sociales temidas, sino que ello sucederá en piloto automático, incluso sin llegar a ser conscientes de ello. Dicho en criollo, todo lo que repetimos -bueno o malo-, se instala como hábito involuntario.

 

Otra consecuencia negativa y usualmente inadvertida de las maniobras de seguridad es que suelen provocar sufrimiento por fuera de las situaciones sociales temidas. Por un lado, la ansiedad anticipatoria y preparación excesiva pueden torturar a una persona durante meses y sin descanso, previo a una situación social temida. Por el otro lado, el análisis post-mortem, usualmente desemboca en que la persona se critique dura y crónicamente luego de una situación social en la que sintió que le fue mal. Esto último afectará negativamente su autoestima (la auto-crítica y/o el auto-castigo excesivos no son métodos eficaces para mejorar la performance), sembrando cada vez más desesperanza frente a la posibilidad de cambio. Además, el análisis post-mortem, puede llegar a amplificar tanto el sufrimiento que las personas terminan evitando nuevas situaciones sociales por temor a cómo podrían tratarse si tuvieran una mala performance...

 

  • Conductas de seguridad y la congruencia entre acciones y valores:

 

Por último, las maniobras de seguridad alteran nuestra brújula vital sacándonos del curso hacia la vida que queremos tener ya que, en cuantas más situaciones recurrimos a ellas, se va instalando en nosotros, cada vez más, una lógica de evitación de la ansiedad y peligros potencialmente asociados. Esto hace que nos transformemos en una especie de radar humano hipersensible a potenciales amenazas sociales, pero totalmente desconectado de todo aquello que valoramos y aspiramos a lograr en nuestra vida. Esto sucede porque el camino hacia aquello que más valoramos en la vida suele generar ansiedad (ej., miedo a perderlo, a que me vaya mal, etc.). En este sentido, esta emoción nos señala que hay algo importante en juego en esa interacción social y que estamos saliendo de nuestra zona de confort, enfrentando un desafío clave. Es por esta razón que la ansiedad (social y en general) está tan asociada a los procesos de cambio e innovación tanto a nivel individual como organizacional. En cambio, cuando la lógica es evitar la ansiedad y las amenazas (en lugar enfrentarlas estratégicamente), nos salimos de ese camino (abandonamos nuestra misión vital), nuestra vida se va vaciando de contenidos apetitivos para el espíritu, y se va tornando cada vez más insulsa y deprimente... Esto explica, en parte, por qué es tan común la asociación entre problemas de ansiedad y depresión.

 

Si esta nota te gustó y te fue útil, por favor, compartila.

 

 

 

Dr. Ignacio Etchebarne

Psicólogo, coach ejecutivo

y consultor organizacional

www.igetchebarne.com

 

----

Referencias bibliográficas:

 

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5th edition. DSM-5. Arlington, VA: American Psychiatric Association.

 

Crozier, W. R., y Alden L. E. (2001). International Handbook of Social Anxiety: Concepts, Research and Interventions Relating to the Self and Shyness. West Sussex: Wiley.

 

Dalrymple, K. L., y Hervert, J. D. (2007). Acceptance and Commitment Therapy for Generalized Social Anxiety Disorder. Behavior Modification, 31(5), 543-568. doi:10.1177/0145445507302037

 

Hofmann, S., y DiBartolo, P. M. (2014). Social Anxiety: Clinical, Developmental, and Social Perspectives. 3ra ed. Londres: Academic Press.

 

Hope, D. A., Heimberg, R. G., y Turk, C. L. (2006). Managing Social Anxiety: A Cognitive-Behavioral Therapy Approach Therapist Guide (Treatments That Work). Edición de Kindle. New York: Oxford University Press.

 

McManus F., Clark, D. M., Grey, N., Wild, J., Hirsch, C., Fennell, M., Hackmann, A., Waddington, L., Liness, S., y Manley, J. (2009). A demonstration of the efficacy of two of the components of cognitive therapy for social phobia. Journal of Anxiety Disorders 23, 496–503. doi:10.1016/j.janxdis.2008.10.010

 

Wells, A. (1997). Cognitive Therapy of Anxiety Disorders: A Practice Manual and Conceptual Guide. John. West Sussex: Wiley & Sons.

Please reload

Notas recientes
Please reload

Sumate a mi Mailing List
0