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© Ignacio Etchebarne, 2015. Creado con Wix.com

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¿Qué es el Coaching y la Terapia Cognitivo-Conductual?

 

En Argentina, cuando se habla de psicoterapia, automáticamente nos viene a la mente la imagen de Freud, el diván y todo lo referente al Psicoanálisis tradicional u ortodoxo. Asimismo, cuando se piensa sobre el coaching, la asociación directa es con el Coaching Ontológico. Sin embargo, en la actualidad existen cientos de formas de psicoterapia y de coaching, muy diferentes a los desarrollos clásicos, tanto en su lenguaje, filosofía y recursos técnicos, así como respecto de las evidencias científicas acerca de su grado de eficacia. Esta proliferación de abordajes de cambio psicológico posibilita que las personas elijan el que mejor se ajuste a sus preferencias. Dicha elección sólo es posible si existe una adecuada difusión de las distintas “ofertas” de tecnología de cambio psicológico. Por esta razón, me he propuesto presentar en una breve nota el grupo de abordajes englobados bajo la etiqueta de“Terapia Cognitiva-Conductual” o “TCC” ("Cognitive-Behavioral Therapy" / "CBT", en inglés). En este panorama también incluyo a un heredero directo de las TCCs, que aplica sus principios y procedimientos en el área del coaching, el "Coaching Cognitivo-Conductual" / "CCC"  ("Cognitive-Behavior Coaching" / "CBC"). Ambas prácticas evidencian un contínuo (aunque aún incipiente) desarrollo en nuestro medio, a pesar de que la TCC cuenta con más de 60 años de fructífera existencia a nivel internacional.

 

El núcleo y estilo del Coaching y la Terapia Cognitiva-Conductual (C/TCC):

 

Bajo el término TCC se incluye a una serie de variados abordajes psicoterapéuticos desarrollados inicialmente en EE.UU., cuya eficacia ha sido extensamente demostrada científicamente y comparten una serie de principios comunes que las engloban. Por ello es más apropiado referirse a las mismas en plural como "Terapias Cognitivo-Conductuales (TCCs). A lo largo de esta nota, utilizaré la sigla C/TCC para referirme en su conjunto tanto al Coaching como a las Terapias Cognitivo-Conductuales.

 

Las C/TCCs se centran en cómo la forma en que los eventos de la vida afectan a las personas no está determinada por las situaciones en sí mismas sino, principalmente, por sus reacciones automáticas frente a ellas. Dichas reacciones automáticas surgen de la forma en que las personas interpretan los hechos, del impacto en sus estados emocionales, y de interacciones inadvertidas entre sus conductas y el contexto. Por esta razón, las C/TCCs entrenan a los pacientes en distintas habilidades para que aprendan a tomar consciencia de dichos procesos automáticos y puedan observarlos en perspectiva sin reaccionar automáticamente. En la misma línea, las C/TCCs instan a los pacientes/coachees a que revisen la precisión o utilidad de estos procesos automáticos, evaluando su congruencia con valores personales, y poniendo a prueba formas alternativas de reaccionar ante los mismos eventos. El objetivo de fondo es aumentar la efectividad para resolver problemas y desafíos diarios, y vivir una vida más plena. Si querés conocer más detalles sobre esta forma de trabajar, te recomiendo mi nota describiendo una  sesión típica de Coaching y Terapia Cognitivo-Conductual.

 

C/TCCs y Eclecticismo técnico:

 

La forma de trabajo de los Terapeutas y Coaches Cognitivo-Conductuales es focalizada, flexible, colaborativa, y activa. En este sentido, tanto si se trata de una terapia como de un proceso de coaching, el estilo de trabajo del profesional se asemeja siempre al de un instructor o consultor, trabajando en equipo con los pacientes o coachees (ubicándose en el rol de experto en procesos de cambio, y el paciente o coachee, como experto en su propia experiencia). De este modo, los Terapeutas y Coaches Cognitivo-Conductuales suelen proponer activamente temas de discusión, usan múltiples recursos prácticos (anotaciones, agendas, ejercicios vivenciales, Internet, planillas de Excel, etc.) y variados contextos de implementación (ej.: sesiones en la calle, en la casa del paciente, en el gimnasio, en su lugar de trabajo, por teléfono, acompañando al paciente mientras maneja su auto en una autopista, etc.). Por otra parte, dado su énfasis en basar la selección de intervenciones y procedimientos en evidencias científicas, en esta familia de abordajes, los terapeutas o coaches son libres de utilizar cualquier técnica o herramienta que haya demostrado científicamente ser eficaz para resolver el problema en cuestión, más allá del contexto en el que haya surgido la técnica. Por supuesto, el terapeuta/coach siempre deberá integrar la intervención en un plan de acción estratégico coherente que le de sentido y dirección al tratamiento, y así asistir, de la mejor manera posible, a los pacientes/coachees en la solución de sus problemas y desafíos. Esta libertad técnica se conoce académicamente como "Eclecticismo técnico".

 

C/TCCs, las causas y el pasado:

 

Un aspecto diferencial de las C/TCCs respecto a lo que se conoce popularmente de las psicoterapias es que no requieren explorar ni identificar necesariamente causas pasadas para resolver problemas de hoy. Regidos bajo una orientación pragmática, los Terapeutas y Coaches Cognitivo-Conductuales enseñan a sus pacientes a identificar y desarmar círculos viciosos automáticos (patrones de pensamientos, emociones y conductas) que perpetúan diariamente sus dificultades actuales. Esto se debe a que, muchas veces, la búsqueda de causas lejanas es esquiva y demanda mucho tiempo de exploración, postergando excesivamente la puesta en práctica de acciones orientadas a resolver (o aprender a tolerar) el problema analizado. Esto no significa que el pasado del paciente sea irrelevante, sino que en las C/TCCs se busca un equilibrio entre la exploración orientada a comprender el problema y la implementación de acciones necesarias para resolverlo o tolerarlo. Esto puede parecer contra-intuitivo, sin embargo, es la misma lógica que se sigue actualmente para el tratamiento del cáncer: mientras las causas del cáncer aún permanecen en gran parte desconocidas, y la ciencia oncológica continúa investigándolas, ya contamos con potentes tratamientos (cirugía, quimioterapia, radioterapia) para atacar las células cancerígenas propagadoras de la enfermedad.

 

CTCCs e investigación científica:

 

Como mencioné al principio de esta nota, en las C/TCCs los profesionales guían su accionar a partir de evidencias científicas. Por esta razón, todas las C/TCCs son evaluadas en investigaciones científicas siguiendo principios de control muy similares a aquellos utilizados para probar un nuevo fármaco en disciplinas médicas.

 

Si bien las Terapias Cognitivo-Conductuales se popularizaron demostrando eficacia para recuperar a personas con trastornos mentales (ej.: Depresión, Trastornos de Ansiedad, etc.), las habilidades que enseñan los terapeutas Cognitivo-Conductuales pueden enfocarse en cualquier aspecto de la vida. Así, pueden facilitar también el manejo de situaciones vinculadas con crisis vitales, problemas de pareja, el desarrollo personal, o el desarrollo profesional, por ejemplo, potenciando la capacidad de liderazgo y maximizando la performance laboral. Es por esta razón que los coaches rápidamente comenzaron a incorporar las intervenciones cognitivo-conductuales al trabajar con personas que no tenían trastornos mentales, dando nacimiento al "Coaching Cognitivo-Conductual" (CCC).

 

En el 2004 Sherman y Freas publicaron un artículo en el Harvard Business Review, titulado "El Salvaje oeste del coaching ejecutivo", afirmando que era poco lo que se conocía sobre la eficacia, efectividad y eficiencia de las distintas formas de coaching ejecutivo (y del coaching en general) ya que la investigación empírica en en esas prácticas se encontraba en pañales (en comparación con la larga tradición de investigación empírica en psicoterapia). Por otra parte, se estima que la inmensa mayoría de los coaches actuales ha incorporado intervenciones de las TCCs a su accionar complicando aún más la comparación diferencial entre abordajes. No obstante, el Coaching Cognitivo-Conductual (CCC) es el abordaje con mayores evidencias científicas indirectas aportadas por los más de 60 años de investigación empírica en Terapias Cognitivo-Conductuales para variadas problemáticas clínicas. Además, desde el 2001 el CCC ya ha comenzado a sumar investigaciones empíricas propias que dan cuenta de su eficacia para aumentar el bienestar y sentido de propósito, la resilienica y resistencia al estrés, la performance laboral y el manejo efectivo de emociones en personas de distintos países y culturas. Por otra parte, la University of Columbia (en un esfuerzo combinado del Tearchers College y el Business School) ha creado el Coaching Center of Excellence (COE), con la visión de avanzar aún más en la profesionalización y evaluación científica del coaching en y para organizaciones.

 

Este esfuerzo investigativo continuo ha permitido conocer las problemáticas con las que las C/TCCs han demostrado ser eficaces, ya sea como abordaje principal o como abordaje complementario a otros abordajes (tratamientos médicos, procesos de consultoría, etc.). A continuación, la tabla 1 enumera los problemas (o desafíos) más frecuentes para los que las C/TCCs han dado cuenta de su eficacia, diferenciando en 3 columnas el tipo de problema (psicológico, médico o crisis vitales/laborales):

 

 

Este riguroso control científico de las C/TCCs posibilita a los Terapeutas y Coaches guiar su trabajo clínico a partir de las evidencias científicas más actuales. Incluso, previene que su accionar responda ciegamente a una teoría que los haya incandilado, obligándolos a basar sus decisiones y selección de recursos técnicos en una continua revisión de las investigaciones científicas mundiales acerca de prácticas eficaces para el problema en cuestión. Es por esta razón que lasC/TCCs se enmarcan dentro de lo que se conoce como “Prácticas Psicológicas Basadas en las Evidencias” (“Evidence-Based Practice in Psychology” o “EBPP” en inglés), tal como se informa en el sitio web de la  división 12 de la American Psychological Association (APA). Por supuesto, esto no significa que las C/TCCs cursen en forma mecánica e impersonal, sino que la estrategia psicoterapéutica elaborada por el terapeuta Cognitivo-Conductual se fundamentará en la integración de 3 fuentes indispensables de información:

 

  • Los valores, características, preferencias y contexto del consultante.

 

  • Las últimas evidencias científicas sobre las CTCCs en general, sobre abordajes específicos para la problemática del consultante, y sobre hallazgos en ciencias básicas, por ejemplo, sobre memoria, aprendizaje, etc.

 

  • La propia experticia del Terapeuta/Coach, conformada por su experiencia profesional con cada consultatnte, y la información proveniente del consenso entre sus pares respecto a lo que funciona en las C/TCCs en un contexto dado.

 

 

Muchos nombres para una única familia de abordajes:

 

Dentro del marco de las C/TCCs no existe un único abordaje universal (no es un procedimiento de “talle único”), sino que se desarrollan continuamente variadas e innovadoras estrategias psicológicas según los siguientes factores:

 

  • El problema que buscan resolver (depresión, esquizofrenia, crisis de pareja, liderazgo inefectivo, etc.).

 

  • La población a quien se las provee (niños, adolescentes, adultos, padres, ejecutivos, etc.).

 

  • El contexto en el que se llevan a cabo (consultorio, institución educativa, empresa u otro tipo de organización, etc.).

 

  • Los nuevos descubrimientos científicos, que les exigen revisarse y actualizarse continuamente.

 

  • Los procedimientos y nociones filosóficas que incorpora.

 

Esto ha llevado a que se denomine a las C/TCCs de múltiples formas, según el contexto de aplicación o componentes enfatizados en cada sub-variante de C/TCC. Si bien esta característica resalta la flexibilidad y especificidad de las C/TCCs, también puede resultar muy confuso para las personas que no están psicológicamente instruidas respecto al tipo de servicio psicológico que están recibiendo. Con la intención de disminuir esta posible confusión, a continuación menciono las denominaciones más populares en habla española e inglesa:

 

  • Terapia Cognitiva-Conductual o TCC (Cognitive-Behavior Therapy o CBT).

  • Terapia Cognitiva o TC (Cognitive Therapy o CT).

  • Terapia de la conducta,  Terapia Conductual o TC (Behavior Therapy o BT).

  • Terapia de Resolución de Problemas o TRP (Problem-Solving Therapy o PST).

  • Terapia Dialéctico Conductual o TDC (Dialectical Behavioral Therapy o DBT).

  • Terapia de Exposición Prolongada o TEP (Prolonged-Exposure Therapy o PET).

  • Terapia de Esquemas o TE (Schema Therapy o ST).

  • Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy o ACT).

  • Terapia Racional Emotiva Conductual o TREC (Rational Emotive Behavioral Therapy o REBT).

  • Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (Mindfulness-Based Cognitive Therapy o MBCT).

  • Coaching Cognitivo-Conductual o CCC (Cognitive-Behavior Coaching o CBC).

  • Coaching Focalizado en las Soluciones o CFS (Solutions-Focused Coaching).

  • Coaching Basado en las Evidencias o CBE (Evidence-Based Coaching).

 

 

Algunos ejemplos para darle vida a las C/TCCs (casos ficticios para preservar la confidencialidad de mis consultantes):

 

A continuación se presentan 3 ejemplos para ilustrar y darle vida a la comprensión Cognitiva-Conductual de un problema y su potencial resolución:

 

  • El paciente con pánico:

 

Antes de poder presentar el caso es necesario diferenciar entre un “Ataque de Pánico” y un “Trastorno de Pánico”: Un “ataque de pánico” es un episodio puntual de elevado malestar físico (ansiedad) que llega a su máxima expresión dentro de los 10 minutos, y en donde la persona teme estar perdiendo el control, volverse loca o morirse de un infarto o por asfixia. En cambio, el “Trastorno de pánico” consiste en la aparición intermitente de múltiples ataques de pánico sin un disparador claramente identificable. A raíz de ello, la persona está constantemente preocupada, temiendo tener ataques adicionales en cualquier momento.

 

Para prevenir los futuros ataques de pánico, la persona con un Trastorno de Pánico desarrolla una serie de conductas evitativas y de control (por ejemplo, respirar de alguna forma en particular, intentar distraerse, evitar ciertos pensamientos, salir acompañado/a, etc.), orientadas a salvarla del peligro anticipado ("conductas de seguridad"). Como la persona no logra explicar el origen de los ataques de pánico atribuye a causas internas a su padecimiento (“algo está mal en mí”) y, a la vez, empieza a demarcar lugares y actividades como peligrosas o inseguras (en caso de tener un nuevo ataque), evitándolas, a modo de conductas de seguridad adicionales (esto se conoce como “agorafobia”). Dichas conductas de seguridad cronifican y agravan el cuadro cada vez más ya que en el mejor de los casos, sólo logran disminuir la ansiedad momentáneamente, predisponen a la persona a tener nuevos ataques de pánico, y le impiden descubrir que la ansiedad es soportable, que si se lo permitiera disminuye por sí sola, y que sus temores rara vez suceden tal como anticipa.

 

El hecho de que el pánico pueda tratarse con psicoterapia no significa que el problema es inventado, imaginario, que está en la cabeza ni que la persona está buscando llamar la atención con sus ataques. Los elevados episodios de ansiedad se deben a una desregulación del sistema nervioso simpático y cualquier persona que los tuviera con tal intensidad se aterraría. Por otra parte, si el paciente pudiera dejar de sentirse de esa forma, realmente lo haría en el acto, ya que el malestar ocasionado por este trastorno es sumamente intenso e invalidante. Respecto a las causas de este trastorno, desde el punto de vista científico, lo único que puede afirmarse es que el cuadro no se explica por una causa única, sino por una combinación de factores de riesgo genéticos y ambientales que predisponen a que la persona desarrolle este trastorno (vulnerabilidad), el cual es usualmente disparado ante estresores ambientales. Esto se conoce como el modelo diátesis-estrés, y más recientemente se ha apelado a un modelo transaccional bio-social para resaltar la influencia mutua entre la persona y su entorno.

 

Entonces, ante la situación de experimentar el malestar típico de la ansiedad (tensión muscular, taquicardia, temblores, mareos, náuseas, hiperventilación, sudor frío, aceleración del pensamiento, etc.), las personas con Trastorno de Pánico lo interpretan catastróficamente y reaccionan de una forma disfuncional que, inadvertidamente, amplifica y cronifica su malestar. Esto ilustra cómo el problema no es la situación en sí misma, sino la forma de reaccionar ante la misma.

 

Frente a este problema, las TCCs se centran en asistir a la persona a que aprenda variadas estrategias para disminuir y manejar efectivamente sus reacciones de ansiedad excesiva y, así, “re-calibrar” su sistema nervioso (como re-calibrando a una alarma de un auto que se estaba disparando por cualquier cosa). De esta forma, se le puede enseñar al consultante a estimular su sistema de calma (el sistema nervioso parasimpático) con técnicas psico-fisiológicas (ejercicios de relajación, mindfulness, etc.). También se lo puede entrenar en que corrija hábitos respiratorios incorrectos (hiperventilación) que suelen inducir sintomatología de pánico. Además, se lo asistirá para que logre enfrentar en forma gradual y sistemática todas las sensaciones y situaciones que teme, logrando, de este modo, desafiar sus pensamientos catastróficos, descondicionar a su cuerpo a hiper-activar su sistema nervioso de alarma y recuperar su libertad de acción.

 

En este sentido, el trabajo en las CTCCs casi nunca consistirá en limitarse a hablar de sus temores, sino que se buscará activamente que logre enfrentar sus temores dentro y fuera de la sesión. A su vez, las sesiones gradualmente, dejarán de hacerse en el consultorio para pasar a realizarse en las situaciones temidas por el paciente (un centro comercial, manejando el auto en la autopista, en el subte, etc.). También, una estrategia adicional consiste en mostrarle a la persona que intentar evitar sus temores (su ansiedad) la lleva a vivir una vida desconectada de sus valores (una vida sin ansiedad es una vida sin desafíos, sin vínculos ni logros importantes que tema perder). De esta forma, explicitando las consecuencias a largo plazo de llevar una vida guiada por la evitación del malestar vs. una vida guiada por valores, se cultiva mayor motivación y fortaleza para aceptar el desafío de enfrentar la ansiedad (o cualquier malestar), darle un sentido y aceptarlo como parte inevitable de toda vida que valga la pena ser vivida.

 

  • El entrepreneur evitativo deprimido:

 

Una persona que no logra desarrollarse profesionalmente porque, con sólo imaginar la posibilidad de iniciar un proyecto propio, siente una elevada ansiedad que se acompaña de pensamientos automáticos de fracaso (“No lo voy a poder hacer”) y, consecuentemente, aborta todo proyecto por tomar a esos pensamientos como hechos incuestionables. Por otra parte, la mera decisión de abortar el proyecto imaginado disminuye su ansiedad más rápido que cualquier psicofármaco, reforzando a esta conducta evitativa. A la larga, su desarrollo profesional persiste estancado, aumentando sus frustraciones y visión negativa de sí mismo cada vez más, hasta llevarlo a la depresión. Con este paciente se podría trabajar, ayudándolo a re-evaluar sus pensamientos negativos y/o las consecuencias de sus conductas a largo plazo, y elaborar un plan de acción para que, gradualmente, pueda iniciar cada vez más acciones “anti-depresivas” que le transmitan una sensación de logro o sentido, y le permitan desafiar sus cogniciones pesimistas y/o aplicar técnicas de resolución de problemas frente a los obstáculos que vayan surgiendo.

 

  • El adolescente “vago”:

 

Un adolescente con Trastorno por Déficit Atencional de tipo Inatento, guiado por interpretaciones irrealistamente optimistas (“¡Esto lo estudio en dos patadas!”), baja tolerancia a la frustración y procrastinación (“Ahora no tengo ganas, lo estudio después”), y un estilo atribucional externo (“Me bochan porque me tienen de punto y son injustos”) –características típicas del TDA Inatento-, presenta una mala performance escolar que lo llevó a repetir de grado y ya está en vías a perder el año nuevamente. Otra vez, la estrategia consistirá en revisar esta forma de reaccionar ante estos eventos, entrenar su capacidad atencional e intentar estrategias alternativas como parte de un programa de coaching académico.

 

 

 

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Dr. Ignacio Etchebarne

Psicólogo, coach ejecutivo

y consultor organizacional

www.igetchebarne.com

 

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